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jueves, 4 de julio de 2013

Cien Años de Té en Chile con La Tetería

Cuando pensamos en el té, pensamos en una escena específica: la Reina Isabel o algún inglés almidonado consumiéndolo a las 5 o'clock mientras lo acompaña con scones. Levanta su taza con el meñique recto y se ríe en un inglés flemático a la vez que habla de algo, quizás, insustancial.

Cuando pensamos en el té y sus inicios, sabemos de China, de la India. Pensamos en Inglaterra, en Ceylán (actual Sri Lanka, pero asociamos el nombre por su té negro). Pensamos en los viajes, en las revoluciones que ha causado (¿a alguien le suena la Boston Tea Party?) pero... ¿y Latinoamérica? ¿y Chile?

Chile está en el top 10 de países que más consume té a nivel mundial. Al año, se consumen 10 mil toneladas de té en Chile. A juicio de cualquiera, impresiona, pues estamos sumergidos en un continente cafetero. Gran parte de esto podría deberse a la preocupación de los comerciantes por la estética. La creencia es que el marketing se desarrolló con la liberación de la economía, pero eso es una mentira...

Anoche, con @Lambdadelta fuimos a un evento realizado en el Mall Espacio M. ¿Su nombre? La presentación del libro "Las Marcas de la Historia III: Cien Años de Té en Chile (1870 - 1970)", escrito por Óscar Aedo Inostroza, quién justamente desmiente este pensamiento respecto al marketing.

El proyecto de Aedo (autodenominado El Cachurero, como comentó anecdóticamente anoche) comenzó a inicios del 2000, donde hacía una recopilación de marcas en Chile y cómo estas han trascendido en la historia. El primer volumen de la colección consistió en cigarros y el segundo era sobre bebidas y agua mineral. Ahora le tocaba el turno al té. Y es aquí donde entra La Tetería...



Cuando llegamos anoche, el escenario era ideal: una decoración en tonos amarillos acompañados por rosas, swing tocando, teteras de plata y tazas de porcelana blanca, para poder ver el té en todo su esplendor.


Recepción del evento. Mall Espacio M.


Hablando particularmente de la ceremonia, consistió en la bienvenida de parte de Patricio Hurtado, Director de La Tetería, quién hace una mención especial a los Twitteros que los siguen y han hecho de La Tetería lo que es hoy: un negocio que se ha ido desarrollando a lo largo de ocho años, tiempo en el cuál el té se ha ido popularizando y masificando en el país.


Fotograma en la pared: "El té más fuerte. El héroe de los tées"


Luego le tocó el turno a Óscar Aedo, autor del libro, quién dio sus agradecimientos, para luego pasar la vara a Rodolfo Gambetti, periodista gastronómico, quién hablo sobre las bondades del té: respecto a los beneficios que tiene a la salud pero, por sobre todo, con lo que nos convocaba: el beneficio mayor que posee, como documento histórico. Y justamente su valor como tal podía producir esta publicación potente y hermosa, trabajo de años de recopilar en lugares áridos, en antigüedades y, sobre todo, intentando rescatar la hermosura de envases y etiquetas.

Servicio de Té ofrecido por La Tetería

El Servicio de Té ofrecido por La Tetería estuvo a nuestra disposición: té negro Assam Hazelbank (India) y té verde Bancha (Japón), ambos preparados de una forma magnífica. El Assam maravillaba con su sabor tradicional pero pronunciado y su hermoso color rojizo profundo, mientras que el Bancha poseía ese matiz refrescante y energizante, ideal para ser la contra parte del té negro ofrecido.



El hermoso color de un Bancha bien preparado


Teteras conteniendo Assam Hazelbank. Nótese el color rojizo.
Una de las cosas que quiero rescatar es que pudimos presenciar una exposición (que sigue en el local de La Tetería del Mall Espacio M, en el segundo piso) de las mismas latas que aparecen en el libro. El trabajo en poner recomponerlas a su estado original es digno de admiración.





Té Arturo Prat.
Té Cruz Azul

Té Puro de Horniman
Té para combatir el Alcoholismo
Actualmente, el local de La Tetería del Mall Espacio M cuenta con 70 tés distintos, a diferencia del local de Santa Magdalena, que cuenta con 80 (de todas formas, sólo es una diferencia de 10 tés). El local de Mall Espacio M no tiene nada que envidiar a su predecesora, pues además de comprar té, pueden comprar distintos productos, como contenedores, teteras tetsubin importadas directamente desde Japón y tazas.



¡Todas estas variedades de té!
Tetera tetsubin

Set de tazas de té junto a una tetera tetsubin
La Tetería realizó a los presentes una entrega de regalos, consistente en un marcador de libros, un colador para té tipo huevo y una delicia: Christmas Tea, variante europea del Chai Masala y cuyo aroma hace remembranza a un pan de pascua. Su sabor es dulce, cítrico y su aroma bien definido.


Contenedor del Christmas Tea
Finalmente y para concluir, reitero mis agradecimientos a La Tetería por la invitación y hago un llamado a la gente amante del té para que vayan a ver la exposición realizada y disfruten de un magnífico té en estos días invernales ♥

P.S: El libro "Las Marcas de la Historia III: Cien Años de Té en Chile" tiene un valor de $40000 pesos (chilenos) y puede ser encontrado en librerías y La Tetería.

martes, 20 de septiembre de 2011

(There isn't) Natural Beauty

Hoy volví a Santiago. Este fin de semana, por fiestas patrias en Chile, fuimos a Horcón, en la Quinta Región. 

Horcón es todo lo que la gente de la ciudad busca: una pequeña playa donde el atardecer se ve hermoso, tardes tranquilas y gente calmada, naturaleza por donde se mire y aire limpio. Yo creo que muchos, los que odian el ritmo de la ciudad, amarían estar ahí o quizás tener una pequeña casa de veraneo.

Sinceramente, yo odio Horcón. Más aún, odio la naturaleza. Sí, me gusta mirarla y estar un rato en ella, pero no soportaría vivir ahí. A mí me gusta Santiago, amo Santiago. Amo ese ritmo de vida agitado, amo los atardeceres tóxicos que se producen, cuando ves el cielo de tantos colores producto del smog; amo el hecho de estar en el centro, donde estoy cerca de todo, amo la infinidad de gente. Lo único en lo que me podría quejar son en los ruidos: nunca falta la moto que me despierta en mitad de la noche, pero no es que le dé mucha importancia a aquello.

Quizás deba ser la juventud, pero siento que lo mío es la ciudad cosmopólita, la ciudad que no duerme. Los viejos se pueden quedar con la quietud, los pajaritos y la gente aburrida. Yo prefiero lo bohemio y lleno de vida. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Daniela

Esta entrada es algo larga y muy personal. Si usted no está dispuesto a aburrirse, simplemente no la lea, ya que va dedicada a alguien en particular.

La conocí en la Escuela de Verano de la Universidad de Chile en 2009. Ambas estudiamos Literatura Contemporánea. Fue genial. Daniela es una de las pocas personas que se puede jactar de que me conoció con el pelo largo y azul. Yo era su Blue Bitch. Hicimos un click inmediato, donde compartíamos secretos y cositas varias, esos pequeños detalles que te acercan a la gente. Compartimos escritos, yo solía corregir algunos (Una grammarnazi nunca cambia). 

Aún recuerdo las mañanas tibias, ambas trabajando en Borges o en Cortázar. Teníamos una ardilla (bueno, más bien era una persona, Alexis, a quién le puse/pusimos Ardillita) y la cuidabamos. Eran buenos tiempos, aún cuando nadie en sano juicio hubiese decidido estudiar en vacaciones.

Las películas. El tiempo recobrado que, realmente, era tiempo perdido. Las parafilias. El hombre que le gustaba tener sexo con mancos. El mundo donde todos aparentaban ser y en la intimidad sólo eran descabellados.

Lo oculto. Lo que no se ve en la superficie. Aquello que sólo mostramos a pocos. Compartir lo oculto con un escrito, con decir "Este autor me identifica".

Si no mal recuerdo, tu tesina era de J. D. Salinger, ¿no? La mía fue de Anaïs Nin. Luego, cuando terminó el curso, la separación.

Volvíamos a hablar. Ella entró a estudiar Literatura Inglesa (una carrera, a mi juicio, hermosa por lo demás). Ella tuvo un romance con un profesor de literatura, mi sueño frustrado. La ví hundida. Su desesperación era demasiada. Yo estaba a 1200 kms de distancia. Puedo jurar que, de haber tenido el dinero, hubiese viajado para golpearla en la cara y luego para abrazarla y darle ánimos.

Ambas mirando el cielo desde distintos puntos de Chile. Una guitanilla y una pseudo-japonesita compartiendo un frasco de barbitúricos. Si esa no era la plena expresión del amor, de la amistad, de la hermandad del alma, no sé qué puede haber sido.

Separación definitiva. No habíamos vuelto a hablar.

Y ahora que te veo, que veo que estás normal (quizás con una decisión drástica de dejar de tu carrera, pero normal), me da alegría. Me dan deseos de que vuelva a nosotras ese verano del 2009, donde creíamos que la literatura y el mundo estaba a nuestros pies.

Gracias por agregarme a Twitter y hacerme recordar tan lindas cosas de nuestro pasado, @Dttin  

lunes, 5 de septiembre de 2011

La soledad de un vagabundo

Ayer vi a un vagabundo en la calle, algo que, lógicamente, no causa sorpresa considerando que vivo en Santiago. Pero ayer fue distinto.

Ayer iba por la feria, como de costumbre, cuando lo divisé. Estaba cobijado por la sombra de un árbol. Pasé a su lado y me miró directamente a los ojos, yo sólo me puse nerviosa y le sonreí. Lo que obtuve a cambio fue una sonrisa melancólica y con la mitad de dientes. 

Por alguna extraña razón, aquello me enterneció. Ahora lo pienso y me arrepiento de no haberle comprado nada o haberlo saludado...

Siempre me ha dado la impresión de que los vagabundos encarnan todo lo que las personas no quieren para sí mismos: son gente que ha perdido su hogar, su trabajo, su familia, su dignidad. Quienes pasan a su lado hacen como si no existieran. Cuando los vagabundos piden limosna, la gente hace oídos sordos y hay una gran cantidad que les dice "trabaja, conchetumadre", lo cuál es triste.

¿Qué pasaría si, de un día para otro, nos volviesemos vagabundos? ¿Qué pasaría si somos nosotros los que estamos abajo y la gente nos dice eso? Sinceramente, se me revuelve el estómago de pensar que alguien me puede tratar tan mal como se les trata a ellos.

Lo de ayer fue sólo una muestra de la soledad que un vagabundo debe vivir. Nadie les debe sonreír. Y, aunque yo sólo haya sonreído por nerviosismo, luego me dio gusto haberlo hecho. Hice sentir persona a alguien a quién ignoran todos los días. Hice sentir persona a alguien a quién le hacen sentir que no tiene lugar en el planeta.

jueves, 28 de julio de 2011

Aullándole a una luna de concreto

Y es sólo cuando miro por mi ventana que me doy cuenta de que mi luna está en una cajita de concreto, donde no hay árboles y sólo la recubre una capa de smog. Y me pregunto: ¿podría sobrevivir en otro lugar que no fuese este? Por increíble que parezca, me gusta sentirme encerrada... si fuese libre, si mi luna fuese libre, me daría miedo y no sabría qué hacer con mi libertad.